España y China se miran

Cosme de Arana febrero 22, 2012

El planeta habitado por 7000 millones sigue pidiendo energía sin parar. Con la actual estructura del mercado energético, la energía pide petróleo y el petróleo pide un mejor postor. Y mientras unos pujan con precios desorbitados, otros hacen lo que pueden por salir adelante. Si a día de hoy el resultado de una búsqueda en internet del término energías alternativas ofrece más resultados que el de energías convencionales (puede comprobarse), es una señal para empezar a pensar que lo de las renovables es algo más convencional de lo que pensábamos. Sea o no éste un dato muy relevante, resulta cuando menos raro que se denomine alternativo a utilizar la energía que el sol cada día ofrece, y que lo convencional sea deshacer en unas cuantas décadas los procesos acumulados durante millones de años en los combustibles fósiles. Casi mejor podría utilizarse el término de energías lógicas e ilógicas, respectivamente.

El reciente anuncio de la suspensión de las primas para las energías renovables en España da qué pensar. Las empresas del sector empiezan a tener que mirar más allá, y muchas de ellas ven en países como China una oportunidad para desarrollar su actividad. Con cierta necesidad y a la vez urgencia, el mercado de la sostenibilidad en el país asiático presenta una capacidad de desarrollo enorme. Y desde España, tras grandes inversiones en investigación y formación, se van a terminar viendo los resultados fuera de la frontera, además de frenarse en el camino para reducir su dependencia energética del exterior.

China puede parecer lejana, pero está más cerca de lo que se piensa. No seremos nosotros, ni mucho menos, los primeros en llegar. El primer español que pisó estas tierras del cual se tiene testimonio escrito, llegó a sus costas un buen día allá por el año mil quinientos cuarenta y pico. Su nombre era Pero Díaz, sabiéndose no mucho más que algunas impresiones que dejó de su viaje. Es curioso como casi cinco siglos después y con la globalización alcanzando la madurez, uno no deje de asombrarse en cada nuevo encuentro que se produce entre oriente y occidente. Se acumula experiencia para el siguiente que decida tomar la ruta, a sabiendas de que, como dice el proverbio chino, “el primer paso siempre cuesta” (del chino simplificado万事开头难); o como otras tantas veces hemos oído en nuestra propia casa, “todos los principios son difíciles”.

La sabiduría encerrada en las cosas sencillas tiene algo de fascinante, y algunos de sus razonamientos parece que puedan llevarse a cabo sin más que mirar detenidamente a nuestro alrededor. Ocurre con los proverbios y dichos populares como con algunas invenciones y avances tecnológicos, y se acaba perdiendo la pista de cómo han sido extendidos de unos lugares a otros. Así, en estos momentos, tanto en España como en China, algún sabio podría estar diciendo que “las energías renovables, si no son españolas, bien podrían ser sino-españolas”.

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