Conectados y en desequilibrio perfecto

Cosme de Arana febrero 14, 2012

De las pocas cosas que se saben con seguridad, es que la energía sólo se transforma y que nada es para siempre. Sin embargo, no está de más preguntarse entonces cuánto dura lo que se acaba y cuestionarse la forma en que la energía cambia. Resulta sorprendente como parece que distintas civilizaciones han tenido la capacidad de llegar a una misma conclusión ante cuestiones de esta envergadura sin haber estado jamás conectadas. O dicho de otra forma, estándolo sólo aparentemente desde el punto de vista del ADN propio de pertenecer a una misma especie y por el hecho de contar con el mismo planeta como escenario.

Así, de una forma casi mágica, vemos en lugares extremadamente lejanos entre sí evidencias ancestrales de soluciones energéticas muy similares: los patios árabes siempre tuvieron algo de templo inca, y un iglú bien podría estar inspirado en una cabaña de adobe. En cuanto a las fuentes de energía usadas, puede que exista una historia parecida. No se sabe qué ilustre homínido tuvo el honor de descubrir el fuego, pero se ha usado durante milenios y en todos lados. De igual modo, alguien tuvo que ser el primero en domesticar a un animal para usarlo en la carga y el transporte.

Más adelante en el tiempo y en nuestros libros occidentales de geografía e historia, se ve dibujado a Marco Polo luciendo un traje de seda oriental y a Cristóbal Colón con una patata americana en la mano. Luego a Leonardo da Vinci patentando sueños, a Edison y a Tesla descubriendo cosas a la par y sin conocerse, y a los señores de la guerra estudiando los teoremas de Einstein. Entre tantas invenciones tecnológicas, se dice que las grandes revoluciones energéticas tuvieron como centro a la máquina de vapor y al desarrollo de los transportes, pero también habrá quien piense que fueron protagonistas la mula y la pólvora. Otros dirán que fueron el tubo de escape y el robot de cocina. Mientras cada uno elige su propia revolución, entre tantos líos y conexiones, desde aquí contamos la nuestra, en este espacio interconectado a nivel mundial.

La revolución de las energías sostenibles, la de aquellas que se quieren integrar con los flujos naturales antes que con los fósiles acumulados a cientos de metros bajo tierra, ya está aquí. También ha llegado hasta el Lejano Oriente, pasando por la vieja Europa y el Nuevo Mundo. Puede decirse que todos esos lugares tienen que compartir el sol, también el aire y el agua, e incluso los problemas derivados y sus soluciones. Puede que el sol salga a distinta hora según el lugar, pero al final termina por amanecer. Si el descubrimiento del fuego viajó una vez desde donde se conocía hasta donde no, por qué no habría de pasar igual con las nuevas tecnologías de energías renovables. Y es que parece que ya nunca más podamos prescindir unos de otros. Asumamos que estamos conectados y en desequilibrio perfecto.

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