El autoconsumo energético, una solución de futuro

Cosme de Arana mayo 31, 2012

La coyuntura actual en el mercado español de las renovables ha impuesto la necesidad de profundos cambios en su industria. La suspensión del sistema de primas para nuevas instalaciones de producción energética a partir de cogeneración, fuentes de energía renovables y residuos ha cambiado el paradigma en la explotación de los recursos renovables. Si bien el Real Decreto-Ley 1/2012 alude un carácter temporal, desgraciadamente nada nos hace pensar que la situación anterior a este RD vaya a ser restituida en el corto plazo. Sin embargo, la imperiosa necesidad de disponer de un sistema energético más sostenible sigue existiendo, por lo que en este contexto adverso, la industria española debe buscar nuevas soluciones. Sin lugar a dudas, el autoconsumo energético es una de ellas.

A pesar de que el marco normativo actual en España permite la realización de instalaciones destinadas a producción para autoconsumo, este tipo de instalaciones han desempeñado hasta el momento un papel muy secundario en el desarrollo de las energías renovables. No obstante, el consumo propio de energía eléctrica empieza a estar presente en la mayoría de debates acerca del futuro de nuestro sistema energético, y hemos de suponer que la futura regulación sobre el balance neto arrojará luz sobre el futuro de las renovables en nuestro país.

El autoconsumo representa, en primer lugar, la mejor manera de hacer partícipe al consumidor del complejo sistema energético. Este hecho desarrolla un rol decisivo en la toma de consciencia de la actual dependencia de nuestra sociedad en las fuentes de energía. Mientras el consumidor (o autoconsumidor) aporta su granito de arena a la generación energética del país, este comprende la dificultad que supone obtener los kWh que consume a diario. A su vez, la mayor comprensión del ciclo energético conllevaría indudablemente el fomento de la eficiencia energética. Éste es un aspecto de vital importancia, pues a menudo se pierde de vista que es igual de prioritario fomentar el ahorro energético que buscar fuentes energéticas alternativas.

En segundo lugar, el autoconsumo supone una mejora a la deplorable tasa de autoabastecimiento nacional. El fomento del autoconsumo repercutiría en una menor dependencia energética de nuestro país, lo que a su vez se traduciría en una menor contribución de nuestro país a la conflictividad internacional.

Por otro lado, la proliferación de instalaciones de autoconsumo supondría una mejora en la competitividad del mercado eléctrico, dando por sentado que la descentralización de la generación energética resultaría en una menor monopolización de la energía por parte de las grandes empresas de generación,

Además, los equipos de autoconsumo son la única opción viable para cubrir las necesidades energéticas básicas en todas aquellas regiones en el mundo donde la electrificación es aún un sueño. Las necesidades de toda esta población en países en vías de desarrollo aglutinan una demanda que no debería ser obviada y que además ofrece buenas oportunidades en el campo de la cooperación.

Ante el imparable aumento en los precios de los hidrocarburos, el autoconsumo será una solución cada vez más rentable. La industria debe estar preparada para este avance y anticiparse a los acontecimientos. A día de hoy las renovables no pueden ofrecer centrales con capacidades comparables a las fuentes de energía convencional y, paralelamente, la capacidad de inversión de nuestro país no parece estar preparada para financiar grandes instalaciones. Por lo tanto, parece lógico empezar a apostar por la generación descentralizada como base de un nuevo modelo energético más sostenible desde un punto de vista social, ambiental y económico.

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